"Venezuela: de la Riqueza a los Harapos” Parte 2
Carlos Goedder / Cedice Libertad

"En suma, la implementación del capitalismo, la única forma comprobada de salir de la pobreza, afecta adversamente los intereses establecidos de políticos y empresarios ineficientes"
Hugo Faria, From riches to rags


 


En la entrega anterior de esta columna comenté los resultados de un estudio histórico de economía venezolana que hace el prof. Hugo Faría en su artículo From Riches to Rags. En él se contrasta el declive económico que, desde 1958 hasta 2006, ha sustituido a la estelar expansión económica que acaeció en el lapso 1920-1957.


Hay otros autores que han hecho un ejercicio semejante de contraste. Vienen a mi mente Gerver Torres (Un Sueño para Venezuela) y Luis Pedro España con Eduardo Ortiz  (¿Buenos o Malos Gobiernos?). Faría aporta a esta línea de trabajo una consistente y grata presentación estadística, añadiendo una argumentación provocativa. Directamente sugiere que el declive es consecuencia de mayor estatalismo, barreras a la importación, menor autonomía del Banco Central y, en suma, consolidación de un Estado y una Sociedad rentistas.


Hay una inquietud peligrosa tras leer estos estudios. El crecimiento económico sobresaliente de Venezuela ocurre durante un período de reducidas libertades políticas: sólo hubo elecciones democráticas en 1947 y el presidente electo fue depuesto al año siguiente. La peligrosa conclusión es creer que un régimen autoritario es la solución para retomar el camino hacia la prosperidad.


El matiz que introduce Faría para zanjar este tema es que la democracia venezolana nunca ha sido plena, porque las libertades políticas fueron contrapesadas con una severa represión a la libertad económica. “El conjunto de evidencia sugiere que,  a finales de los años cincuenta, los venezolanos entraron en un período de mayores libertades políticas y civiles, pero sus libertades económicas comenzaron a erosionarse”.


Faría incluso rastrea el “abolengo del estatalismo” que se aceleró a partir de 1958, señalando antecedentes como la fundación de bancos estatales en 1928 y 1936; la compleja ley del trabajo de 1936; la nacionalización de la compañía telefónica en 1950 además de una acelerada creación de empresas públicas entre 1950 y 1957. Ahora bien, estos episodios palidecen comparados con las políticas emprendidas bajo democracia: reforma agraria con el desacierto de dejar sin títulos de propiedad a los nuevos dueños de los terrenos; imitación del pensamiento soviético al crear una agencia de planificación económica (Cordiplan); estatización de la propiedad y gestión de la  industria petrolera, lo cual ha influido sin duda en que Venezuela represente hoy 3% de las exportaciones petroleras mundiales, cuando que en 1957 tenía el 15% de cuota;  creación de un sinfín de empresas públicas (privatizadas en los años 90 y ahora nuevamente estatizadas); triplicación de la carga tributaria entre 1957 y 2005; supresión de autonomía al Banco Central… El gasto del sector público como porcentaje del PIB salta de 19% en 1950 a 57% en 1980 (se estima 36% actualmente).


El declive venezolano puede entenderse como un ejemplo de sistema gubernamental que, aún bajo democracia, oprime al ciudadano coartándole su libertad de producir y consumir eficientemente. “Los beneficios del libre comercio y la libertad monetaria son un bien público (…). La interferencia del Gobierno en forma de barreras al comercio y prohibición de usar otras monedas excluye la producción de estos bienes públicos. Esto resulta contrario a la visión tradicional de fallas de mercado que demandan mayor intervención gubernamental. En este caso, la eliminación de la intervención gubernamental eleva la producción de tales bienes públicos”.


Se pueden exigir estudios más exhaustivos de causalidad, mas está claro que la línea argumental y la evidencia son coherentes al tildar de empobrecedor al estatalismo venezolano. Aún así, yo agregaría un par de matices al trabajo de Faría.


En primer término, las sociedades pueden ser irracionales en conjunto, mas ¿Por qué una sociedad que va siendo exitosa tolera una involución tan grande, por tantas décadas y la refrenda en comicios democráticos? Creo que el período de crecimiento brillante alguna falla tuvo. Una mala distribución del ingreso puede ser la debilidad que acabó con el círculo virtuoso. El estudio de Faría ha de profundizarse aún más para entender el complejo lapso 1920-1957, sacando lecciones. Encuentro dos posibles síntomas de desigualdad social en la “época dorada”: Primero, parece haber cuellos de botella para  la creación de empleo. Acudiendo directamente a las bases estadísticas compiladas por Asdrúbal Baptista, se verifica que la tasa de desempleo nunca cae del 7% entre 1951 y 1957; se verifica que en 1950 era 6,7% y en 1955 es 8,7%. La inflexión parece estar en este año en lugar de en 1957. Sólo en 1968 es que se consigue retornar a la tasa de desempleo de 1950 y, más importante aún, la tasa de desempleo sólo se logra reducir al 5% en la década del ’70. Otro tema trascendental que se verifica directamente en las bases de Baptista es que, entre 1920 y 1959, la población urbana crece a un ritmo anualizado de 5% mientras que la rural sólo lo hace al 1% y, justamente en 1959, es cuando la población urbana iguala la dimensión de la rural (3,5 MM de hab.); esta dimensión geográfica y demográfica del crecimiento entre 1920 y 1959 debe estudiarse para entender las ineficiencias y desigualdades que hubo en el medio rural. Seguramente lo que hubo fue una migración masiva hacia las ciudades y no una feliz urbanización del campo.


Otro tema a añadir para reforzar la defensa de la libertad económica es la inclusión, entre los derechos de propiedad, de activos intangibles como la vida humana, el trabajo, el conocimiento y la salud. Los defensores del liberalismo económico tienden a concentrar su atención en la defensa a la propiedad material, lo cual resta atractivo popular a su discurso. En la protección de los derechos de propiedad intangibles es que hay mayor oportunidad de éxito para un gobierno favorable al mercado y para un capitalismo justo.


 


Opinión Independiente.

Fuente: Cedice Libertad
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